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Estación Vydrino — río Snézhnaya — río Selenguinka — cascada.

Grojotún en el arroyo Gramotuja — lago Sobólinoye — río Krásnaya, cascada.

Skazka — lago Sobólinoye — río Snézhnaya — estación Vydrino.

Unos 60 kilómetros en tres o cuatro días: recorrieron esta ruta singular 28 excursionistas de Ulán-Udé, de diferentes profesiones y edades, de nueve a 54 años, del principiante al instructor veterano. En la estación Vydrino empieza el recorrido de tres días remontando el Snézhnaya hacia los lagos Sobólinye.

El bosque empieza justo después del pueblo. Los claros de fresas y la hierba segada despiden un aroma inconfundible de verano. Un buen sendero sigue la margen derecha entre álamos centenarios.

En la sombra crepuscular de la vieja alameda aparecen árboles poderosos cubiertos de musgo y líquenes, como en un cuento. Dos personas tomadas de las manos apenas abarcan un tronco gigante. Bajo las copas se alzan helechos como enormes jarrones. Del entramado verde cuelgan flores blancas de clemátide siberiana; a veces parece una selva tropical.

A unos quince kilómetros de Vydrino, el Selenguinka desemboca en el Snézhnaya. El servicio de control y rescate de Irkutsk construyó un puente colgante. Pero no se apresuren a cruzar: dejen las mochilas y vayan ligeros a la cascada cercana.

Grojotún ha serrado un ancho canal en la roca, por el que una poderosa ola se precipita con estruendo en una taza de piedra; el agua hierve y espuma como en una caldera. Un hermoso espectáculo. Llegar hasta la cascada no lleva más de hora y media. Tras cruzar el Selenguinka, alcanzamos al mediodía los lagos Sobólinye.

Son dos lagos pintorescos unidos por un canal estrecho. El lago mide unos 2,5 kilómetros de largo y hasta 600 metros de ancho. La maravilla se esconde entre altas cumbres alpinas. El segundo día visitamos las cascadas.

El camino bordea el lago hasta las cabeceras del Selenguinka y su afluente Krásnaya. El río baja rugiendo por fracturas y colgando encajes de espuma en la roca. La subida se empina y el valle se estrecha en un cañón… Llegamos al fin.

Skazka es un fenómeno natural rarísimo y asombroso. Una ola elástica golpea la pared, gira bruscamente y cae al fondo del cañón. Al sol, las gotas y chorros reflejan arcoíris y crean un efecto sorprendente. Quedaba otra cascada y partimos sin demora.

Aquí el agua se precipitaba con rugidos y estruendo desde la altura de un edificio de cinco pisos hasta el fondo de la garganta. Olvidando todo cansancio de la larga caminata, permanecimos hechizados ante el insólito espectáculo de aquella cinta de agua reluciente. Tras tres días de marcha estábamos empapados, cansados y hambrientos, ¡pero no había un solo descontento! Cada uno recibió una enorme carga de vigor y deseos de volver a los senderos.