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Miren el mapa de Ulán-Udé y sus alrededores: encontrarán mucho de interés. El triángulo entre Zabaikalski, Nikoláievski y el monte Síniaia Saiantúiskaia alberga lugares únicos, en particular un enorme conjunto de rocas residuales. También se puede hallar un arroyo tranquilo o ver el propio reflejo en el espejo de un pequeño lago escondido.

Una vez allí verán magníficas rocas de formas sorprendentes y variadas, de diez metros o más de altura. No encontrarán dos iguales: durante milenios la naturaleza no escatimó imaginación e ingenio, puliendo con agua y viento cada peñasco y adornándolo con líquenes de colores. Ante ustedes se alza un grandioso arco de triunfo. Y enfrente del arco…

El relato

¡Qué fantásticas ruinas de palacios, qué dragones de cuento! No se pueden recorrer todos en un día: hay que mirarlos desde distintos ángulos y fotografiarlos. Se extienden unos diez kilómetros. Al subir a cualquier cima pequeña, apetece sentarse y contemplar desde arriba el magnífico panorama de montañas y bosques.

Comprenderán la grandeza y la belleza austera de nuestra naturaleza siberiana, y que no hace falta buscarlas a miles de kilómetros. Los instructores de marcha nórdica Vera Lubsánova y Vitali Glushkó ya han trazado rutas de fin de semana. A comienzos de marzo, por iniciativa de Vitali, 11 personas ascendieron al monte Síniaia Saiantúiskaia, de 1 290 metros.

Los montañeros quedaron satisfechos. Por desgracia, uno o dos días no bastan para el viaje. Aun así, volverán con la impresión de haber estado muy lejos, en un país de cuento hasta entonces desconocido, y querrán cantar la canción popular: «… No necesito la costa turca…».

Se puede llegar en transporte urbano a Nikoláievski y Zabaikalski, donde empieza el recorrido. Así que, ¡en marcha!