El International Day en Raffles World Academysiempre tiene una dimensión difícil de explicar. Esta vez los niños habían aterrizado antes con la niñera y yo llegué casi al final. Mi primera misión: encontrar a tres niños en aquel mar de gente. Pasé unos 30 minutos dando vueltas por el perímetro para localizarlos entre la multitud mientras ellos volaban de un puesto a otro.

El ambiente era una locura. Una auténtica cacofonía: tambores tradicionales en una esquina, instrumentos étnicos en otra, todo mezclado con miles de voces. En el escenario, cada actuación superaba a la anterior, con trajes y banderas. En esos momentos se siente especialmente ese aire de Dubái: el mundo entero reunido en un mismo rincón.

La comida no tenía límite: los puestos de cada país rebosaban de dulces y especialidades. Aunque también hubo una pequeña «tragedia». ¡Konstantin estaba furioso y no paraba de protestar porque había hecho 30 minutos de cola para un helado! En su mundo, debió de ser la misión más larga e injusta de su vida.

Pero, en general, fue genial. Volvimos a casa cansados, llenos de helados y dulces y cargados con toda aquella energía. Son días de colegio por los que merece la pena dejarlo todo y disfrutar de ese caos multicolor. ¡La próxima vez intentaremos ir toda la familia!