A veces nos absorben tanto las prisas, los asuntos, los niños y la vida que no notamos cómo nos asilvestramos no solo por fuera, sino también por dentro. La barba incipiente se vuelve barba, la barba se vuelve bosque y, como sabemos, en un bosque es fácil perderse. Te quedas frente al espejo y piensas: ¿no será hora de despejar el terreno y dejar pasar la luz entre el musgo? Hoy no voy simplemente a la barbería. Voy a hacer un pequeño reinicio.
¡Es normal!